¡Al ladrón… me han copiado una foto!

Los fotógrafos en general, y los de paisaje en particular, somos un gremio bastante “peculiar”, por no decir soberbio. Esta pequeña reflexión que voy a exponer viene a raíz de un comentario generalizado que cada vez se escucha más entre compañeros de temática paisajística: “¡Fulanito me copió una foto!”.

Pongámonos en situación. Estás sentado por la mañana en la terraza del bar donde sueles tomarte tu café tranquilo, disfrutando del momento, y de pronto, directo hacia ti, viene ese compañero -Pepito, a partir de ahora-  con cara de emoticono cabreado y, prácticamente sin saludarte, comienza a narrarte toda su indignación. Se sienta. La jodiste. Acabas escuchándolo. Incluso te atreves a preguntarle más detalles. Según él, resulta que otro fotógrafo le ha copiado totalmente su foto de una conocida localización de la isla de La Palma: la cascada de Los Tilos. Llegados a este punto te das cuenta que no hay vuelta atrás y que sería preferible meterse con una hipoteca o tirarse de cabeza a un mar lleno de cianobacterias y convivir felizmente con los bancos y la diarrea.

Cascada de Los Tilos (Isla de La Palma. Canarias) / Dominic Dähncke

Pepito comienza con su particular diarrea y me comenta que su indignación viene porque hace un año y pico él hizo una foto en este lugar donde incluyó la cascada en la parte central del fotograma y los helechos en la parte lateral de una composición vertical. Te atreves a preguntarle: “¿y ya está, eso es todo?”. Pepito me confirma que no. Falta un detalle: en la parte inferior hay una piedra con una pequeña grieta que él, con “mucho ingenio y originalidad”, se encargó de incluir en el encuadre. Al parecer, a Fulanito se le ocurrió hacer lo mismo, o por lo menos algo muy parecido, y eso es lo que hace que Pepito sienta un hachazo en su autoestima como fotógrafo.

Nuestros cuerpos siguen en la terraza del bar pero, interiormente, decido ponerme a reflexionar sobre lo que estoy escuchando. Mientras, Pepito sigue vomitando restos de una autoestima fotográfica resquebrajada.

Si nos ponemos a leer biografías (el típico “quién soy”) en las páginas de fotógrafos, en la mayoría de casos vemos cómo nos definimos como autodidactas, ambiciosos, humildes, originales, creativos, y un largo y bonito etcétera. Adjetivos que, de cara a la galería, quedan estupendos. Luego, en el mundo real, solemos demostrar totalmente lo contrario. Aquel que en la red se vende como humilde, es el primero que se cree dueño de la naturaleza y, como tal, hace uso de una soberbia repugnante. Aquel que en su web se define como el nova más de la originalidad, en la realidad es el primero que se inspira en el trabajo de otros -recomendadísima práctica, opino- desde la sombra para luego salir a la luz vendiéndose como el primero y autor de la toma “original”.

Entre nosotros, esto a veces parece la carrera por llegar a la luna. Andamos como locos por “clavar nuestra bandera” para que así, todo el que venga detrás, sea, en nuestro opinión, un simple plagiador. Nuestra falta de autoestima como fotógrafos nos hace depender de esa “originalidad” y primicia. Como cuando en tu vecindario eres el primero que se compra el último modelo de coche de un fabricante. Mientras eres el único, te sientes poderoso, innovador y seguro. Cuando un vecino aparece con el mismo modelo, tu autoestima se siente atacada y la vena de tu frente comienza a buscar el sol.

Lo curioso es que, en la fotografía paisajística, muy a menudo nos encontramos ante maravillas de la naturaleza de magnitudes espectaculares y, aún así, nuestro ego se cree más grande que ellas. Creemos que podemos coger y acordonar una zona para que nadie más tenga acceso. Nos negamos a compartir. Nos refugiamos en nuestro ego para no mirar a la cara a nuestros miedos. Nuestra inseguridad nos vuelve peores compañeros y, como tal, peores fotógrafos. Peores personas. Somos conscientes de ello y lo intentamos tapar buscando enemigos fuera. Ponemos el foco en el lugar equivocado y así, difícilmente llegaremos al lugar correcto.

La fotografía es de todos y para todos. Sin distinción. No hay “malos” ni “buenos”. La subjetividad gana por goleada a la objetividad. No hay “primeros” ni “segundos” en obtener la primicia de una localización, entre otras cosas, porque hoy en día el “primero” es aquel que comparte antes en internet y redes, no el que la realiza primero. Como medio de expresión que es, que cada uno se exprese como quiera. Lo importante es estar feliz con el resultado obtenido. Dejémonos de tonterías egocéntricas, busquemos inspiración (lo que Pepito puede interpretar por “copia”) y disfrutemos juntos de esta maravillosa pasión que, entre otras muchas cosas, enseña el maravilloso arte de compartir.

Mi mente vuelve a la terraza del bar. Pepito ya no está. Pido la cuenta al camarero y me doy cuenta que ha dejado su café sin pagar, ¿le habrá molestado ver mi foto de la cascada hecha dos meses después de la suya?.

  • Posted by Dominic Dähncke
  • On 22 agosto, 2017
  • 3 Comments
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Tags: ego, fotógrafos, humildad, paisaje

3 Comments

José Fco. López
Muy buen artículo y cierto todo lo que dices. Yo mismo he "copiado" alguna tuya y lo he hecho como aprendizaje, y tú te lo has tomado muy bien, incluso con halago.
    Dominic Dähncke
    ¡Muchas gracias José! Todos nos hemos inspirado, y lo seguiremos haciendo, en el trabajo de otros. Es aquí cuando es importante la humildad en el "inspirador" y no creerse dueño de nada. Un abrazo amigo.
Agustín Perdomo Sicilia
Felicidades Dominic por tan claro y bien construído texto, lleno de objetividad, y por tu maravilla de foto del Salto del Mulato (¡No sé por qué antes lo llamaban así!)siempre en la retina de "todo el que la vio jamás la olvida" (¡Una palmerada como un día de fiesta a la que antiguamente se hacía referencia como un slogan de La Palma! Creo que es un plagio añadido al de "La Isla Bonita, ... ")¡Haces una fotos que no hace falta que a nadie le ocurra plagiártelas porque, a simple vista, son tuyas! Tu firma está subliminalmente en la propia imagen. Si ya superaste la situación del breve relato, date con "un canto en los dientes": prueba superada pero ahí no se quedará la cosa. Se dice que la envidia, como pecado capital, es uno de los peores centros del mal (¡Qué se lean a John Milton!). Eres un artista conceptual tal como manejas la imagen: dejas sin respiración a quien la ve y poco importa la interpretación de la belleza del paisaje que, la mayoría, lo conocemos y que a la vista está. Me quedo con un paisaje tuyo, intimista, rural hasta la médula y lleno de historia de miserias y penurias: Almendros en Puntagorda, creo. Un abrazo y adelante.

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