Prohibido salir de casa

Hipo… proHi

Reconozco que no me van las palabras que empiezan por «hipo», como hipoteca, hipocondría o hipocresía. Las dos primeras, por ahora, las mantengo alejadas de mí; sobre la tercera no puedo decir lo mismo, y eso me jode.

Los que me conocen saben que soy «un culo inquieto». Me sé de una persona que lo sufre las veinticuatro horas del día —gracias por tu paciencia—. Bien, resulta que ayer domingo, primer día de «estado de alarma», me desperté a las 6:45h y, como de costumbre, cogí mi cámara y me fui a dar un paseo por la calle para coger aire y empezar el día con ese aire fresco y ese silencio que es sabido sólo existe a esa hora. Me pasé el «estado de alarma» por el arco del triunfo, mientras comprobaba en la app de «Salud» de mi iPhone que ya llevaba 5.355 pasos más que cualquier otra persona que, con mucha más conciencia y responsabilidad social que yo, se había quedado en su casa.

Volví a casa y me puse a planificar publicaciones en otras redes sociales que gestiono. Todas eran del tipo «la solidaridad es la mejor vacuna, haz ejercicio en las escaleras o en la azotea y no salgas, apaga la calle y enciende el balcÓN…», las acompañaba de una foto significativa y, cómo no, de ese hashtag tan chachi piruli de #QuédateEnCasa. Lo ponía porque quedaba guay, pero no lo practicaba. Mi hipocresía había alcanzado un nivel Dios.

El pensamiento de que todos eran unos hipocondríacos, de que no era para tanto, se fue transformando en el de que yo, a parte de un inconsciente y un egoísta, era un auténtico hipócrita. Como esos políticos que prometen bajar la gasolina aún a sabiendas de que no está en sus manos. No es que anhele ser político, pero sí una persona coherente, cívica y solidaria.

Por eso hoy el número de pasos es el que es: la ida y vuelta de casa al supermercado.

¿A qué viene esta breve reflexión? A que creo que por las redes sociales, a parte de los ya conocidos bulos en forma de noticia, circulan también muchos bulos en forma de personas —levanto la mano— y quizás ahora, con veinticuatro horas a rellenar según conveniencia, sea buen momento de ahondar y analizarse de cara a cuando recuperemos la libertad y volvamos a «no tener tiempo».

Prohibido salir a la calle. Prohibido también ser la misma persona al finalizar esta crisis. Lo de la hipoteca pues bueno, puede esperar, y si no… inviertan en Italia.

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